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El terrorismo en el cine

Jueves, 26 de marzo de 2009

Muchas han sido las incursiones que, con mayor o menor fortuna, ha realizado Hollywood para retratar el mundo del terrorismo en la gran pantalla. Podríamos incluso llegar a decir que dichas incursiones se han convertido casi en una obsesión tras los terribles atentados del 11-S, uno de los más dantescos acontecimientos históricos a los que se ha enfrentado la humanidad, no tanto por sus consecuencias y alcance ulteriores sino por su incalculable, y en cierto modo grotesco, alcance como espectáculo mediático. Sin duda alguna, un claro ejemplo de cómo la realidad puede en ocasiones superar con creces a la ficción.

Es algo más que evidente que tras la caída del comunismo y del muro de Berlín, y una vez desaparecida la constante y un tanto asfixiante amenaza de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos -a la que en su día se enfrentó el mismísimo y todopoderoso agente 007- , la industria del cine, en especial la norteamericana, necesitaba reconducir sus miras hacia otros horizontes. Horizontes que en un principio basaron sus pilares en las aventuras, desventuras e intrigas de las archiconocidas agencias de inteligencia norteamericanas CIA y FBI.

Paradójicamente, estas películas dejaron poco a poco de interesar al gran público, que ante las virtudes curativas (casi catárticas) del cine, necesitaba ir más allá. Los espectadores necesitaban una vía de escape ante la creciente amenaza del fantasma del terrorismo. Buscaban refugiarse contemplando cómo el bueno gana siempre al malo, cómo el cristiano triunfa sobre el infiel, como el devastador artefacto es siempre neutralizado en el último momento. Al menos en la pantalla. Pero sobre todo, y haciendo una vez más uso del proceso catártico que implica la experiencia cinematográfica, necesitaban sustituir al enemigo ficticio por un enemigo real, del que sentirse protegidos al menos durante el tiempo que durase la proyección.

Esta corriente, que alcanza su máximo auge durante la década de los años 90, tiene sin duda alguna uno de sus exponentes más destacados en 'Juego de patriotas' (1992) un film, basado en la novela homónima de Tom Clancy, que invita al público a presenciar cómo un héroe ficticio se enfrenta a un enemigo real. En esta película alabada tanto por la crítica como por el público, Jack Ryan (Harrison Ford) deberá salvaguardar su integridad, la de su propia familia, y la de la mismísima familia real británica, enfrentándose al I.R.A.

Otro claro ejemplo es la saga nacida a raíz del éxito mundial de 'La jungla de cristal' (1988), en la que encontramos a simples delincuentes que se hacen pasar por terroristas, terroristas que sí lo son, aviones secuestrados, ciudades sitiadas y un héroe, John McClane (Bruce Willis) que nos demostrará que sea cual sea la naturaleza del enemigo, el bien siempre prevalece sobre el mal.

También cabría destacar en la década de los 90, en el año 1994 para ser más exactos, 'Mentiras arriesgadas', dirigida por el genial, y a veces excesivo James Cameron, e interpretada en sus papeles protagonistas por Arnold Schwarzenegger y Jamie Lee Curtis. Aunque con un aire desenfadado, y a ratos pueril, contemplamos una de las primeras aproximaciones del cine norteamericano al mundo del terrorismo islámico.

Pero con la llegada del nuevo milenio y de algunos de los hechos más trágicos que podemos recordar relacionados con el terrorismo internacional -como el que citábamos al principio de este artículo-, el cine sobre el terrorismo toma un nuevo rumbo. Todo deja de ser tan espectacular, tan irrealmente desmesurado ya que si el 11-S demostró que la realidad a veces supera la ficción, ¿por qué seguir intentándolo?

Como consecuencia de esto, este género toma un nuevo rumbo. Se hace más crudo, más realista. Ya no hay buenos ni malos. No todo es blanco o negro. Los héroes ya no son tales. Son seres humanos que sufren, sangran y se debaten entre sus propias convicciones y lo que las organizaciones para las que trabajan les dictan.

Como ejemplos destacables nos encontramos con películas como las que integran la Saga Bourne, protagonizadas por un Matt Damon que no es otra cosa que la evolución lógica e inevitable de un Bond que no es capaz de adaptarse y sobrevivir a los nuevos tiempos. Nos encontramos a un ser humano vulnerable que huye de su pasado porque no es capaz ni siquiera de recordarlo mientras se enfrenta a tramas de espionaje y terrorismo internacional.

'Syriana' de Stephen Gaghan, e interpretada por George Clooney, nos acerca de una forma cruda y visceral al mundo del terrorismo dentro de un marco de intrigas y corrupción generados por la industria mundial del petróleo.

No tanto por su calidad cinematográfica, si no por la originalidad de su planteamiento, cabe destacar 'En el punto de mira' (2008) protagonizada entre otros por Dennis Quaid, Sigourney Weaver y Eduardo Noriega. Este film nos plantea la ejecución de un descomunal y sangriento atentado en la ciudad de Salamanca visto desde diferentes puntos de vista (una periodista, un turista, un policía, un terrorista…), demostrando una vez más ante el espectador el hecho de que como en la vida real, que la bondad o maldad de un acto puede depender del prisma con el que se mire.

Pero sin duda alguna, el colofón lo pone Peter Greengrass con 'United 93'. Un retrato absolutamente sobrecogedor de uno de los hechos que rodearon al 11-S que permiten al espectador contemplar el horror desde dentro a sabiendas de que al terminar la película respirará aliviado al saber que afortunadamente toda esa angustia desparecerá y habrá terminado para él una vez que se hayan encendido las luces de la sala y se vaya a casa. Un reparto desconocido, un ritmo impecable y una realización más cercana al documental que a cualquier otro tipo de producción, hacen que United 93 permanezca imborrable en la mente del espectador como una obra maestra dentro del genero.

Y en medio de esta corriente, el próximo 27 de Marzo llega a los cines 'Traidor', dirigida por Jeffrey Nachmanoff y protagonizada por Don Cheadle, Guy Pierce y Jeff Daniels. Con un ritmo trepidante y al mismo tiempo contenido y perfectamente medido, nos hace ver las dos caras de la misma moneda a través de la lucha del agente secreto norteamericano musulmán Samir Horn (Don Cheadle), que se ve envuelto en una espiral de engaños y conspiraciones y cuyo máximo anhelo es el de demostrar, tanto a la CIA como al FBI que el Islam como religión puede ser algo enriquecedor y no un simple pretexto para segar vidas inocentes en nombre de Alá.

El atentado del 11-S cambió la percepción del mundo sobre el terrorismo

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