Goya 2010
Andreu Buenafuente presentó la XXIV edición de los premios Goya. El popular cómico le dio un gran ritmo a la ceremonia y acertó de pleno al dotar a la gala del carácter de un programa de televisión. No faltaron sus corrosivos monólogos, más medidos que en su programa, y siempre pareció dominar el escenario con su insuperable sentido del humor.
También primó el 'factor sorpresa', que el director de la Academia, Álex de la Iglesia, consiguió de pleno con la presencia, para entregar el último galardón, el de mejor película, de Pedro Almodóvar, reconciliado con la Academia.
Buenafuente busco huir de la falsa complicidad con el público y consiguió, en todo momento un ambiente cálido y sincero. Sin duda, fue un acierto el estilo y la rapidez con la que se desarrolló la gala.
Además, Buenafuente, a pesar de que fue el innegable centro de atención de la ceremonia, supo dar a cada presentador circunstancial su sitio y consiguió un montaje muy coral, gracias, en parte, a contar con la ayuda de la productora El Terrat.
Sin duda, ha sido un acierto absoluto de la Academia y un punto por parte de Álex de la Iglesia, que ha sido uno de los máximos valedores para contar con el cómico catalán como maestro de ceremonias. Como muestra, el estupendo final en el que el propio Buenafuente era tiroteado en el escenario. Antes de doblar, al menos le dio tiempo a despedirse con un pequeño guiño a Penélope Cruz y a Joan Manuel Serrat. Genial.
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