Cuando por fin las olas hacen
su esperado acto de presencia y el sol acompaña, las playas, como
por arte de magia, se llenan de ávidos surfistas que, equipados
con sus tablas de bodyboard y sus aletas, cabalgan sobre salvajes
espirales de espuma como si tal cosa.
A
rebufo del surf, el bodyboard, con una trayectoria bastante más
corta (casi tanto como la tabla que se utiliza) pero con el mismo
atractivo, se ha convertido en la mejor alternativa para que cualquier
persona pueda deslizarse fácilmente sobre unas olas que, por fin,
pasarán a ser las mejores aliadas.
Inventar y dibujar espectaculares piruetas a velocidades de vértigo,
sin que por ello se vea mermada ni un ápice tu capacidad de maniobra,
serán tus principales retos.
El bodyboard, deporte que nació a principios de los 70 en
Hawai, tiene como principal objetivo surfear sintiéndose lo más
próximo posible a la ola. Para su práctica necesitas una pequeña
tabla o ‘boogie’ de material blando y flexible (tienes varias
medidas y materiales en función de tu técnica y del uso para el
que estén destinadas), unas aletas (las de mayor tamaño y pala
rígida son más duras para remar pero te darán mayor propulsión)
y, opcionalmente, es recomendable el uso de una ajustada camiseta
de lycra que te protegerá de las más que posibles rozaduras o
un traje de neopreno para cuando la temperatura no te invite a
un chapuzón (sin olvidarnos del bañador, a no ser que se trate
de una playa nudista).
Con un equipo tan simple, y que gracias a la amplia oferta te
resultará bastante económico, estarás listo para encontrar, de
una vez por todas, ‘La Ola’ (sin hache, ¿cómo Martín?).
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