De los sofocos corriendo
tras la bola en el hockey sobre hierba al frío del contacto con
la gélida superficie del hockey sobre hielo. ¿Es que a nadie se
le había ocurrido algo más refrescante para estas fechas estivales?
Por ejemplo, el hockey subacuático.
Hace
más de 40 años cerca de nuestras antípodas, en Australia, inventaron
esta actividad más como entretenimiento que como deporte. A finales
de los setenta volaría hasta Europa, y llegaría en 1995 a nuestro
país de mano de un galo afincado en Barcelona, Laurent Alquier.
El ha sido el artífice de pregonar esta actividad y, hoy en día,
ya se practica en Madrid, Vitoria, Valencia, Mallorca, Canarias
y Andalucía. Además, poseemos una selección nacional que participó
en el campeonato de Europa de Reims (1997) y en el de Eslovenia
(1999), derrotando a selecciones muy fuertes.
La superficie donde se practica este deporte es una piscina (de
25 por 14 metros) plana o con poco desnivel, y cuya profundidad
oscile entre 1'80 y 3 metros. Cada equipo constará de diez jugadores,
de los cuales estarán inmersos tres defensas y tres delanteros,
mientras que los cuatro suplentes podrán intervenir sustituyendo
a un compañero en cualquier momento. Esta es una de las características
más importantes del hockey subacuático, ya que es el único deporte
de equipo que se practica bajo la superficie líquida. Esta actividad
se desarrolla en apnea, es decir, los jugadores sólo disponen
del oxígeno de sus pulmones para aguantar bajo el agua, que es
donde al fin y al cabo tiene lugar toda la acción.
El objetivo del deporte, obviamente, es marcar un tanto en la
portería contraria superando a los rivales, con la única ayuda
del stick. Por supuesto, existen faltas y penalties, con la peculiaridad
de que estos últimos se lanzan a 3 metros de la portería y que
intervienen el portero contra dos atacantes Las técnicas de juego,
como en todos los deportes, varían con el paso del tiempo, pero
cabe mencionar que un golpe fuerte con el stick puede mandar el
disco a 4 metros y levantarlo unos 30 cm. del suelo.
Aquí no hay ley de la gravedad que valga.
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