El esquí náutico ha pasado de ser una actividad recreativa para minorías durante los meses de verano, a uno de los más completos deportes de competición, donde técnica, fuerza física y reflejos son básicos.
Desde que en 1921 se celebraron las primeras competiciones de esquí acuático, gracias a la iniciativa de un grupo de cazadores en los lagos alpinos, este deporte que consiste en deslizarse por el agua arrastrado por una embarcación fueraborda, no ha parado de evolucionar.
Para llevar esta actividad a buen puerto es necesario contar con el material adecuado: un par de esquís (uno cuando seas un experto), chaleco salvavidas, palonnier (asa donde se agarra el esquiador) y una cuerda de nylon trenzado. Opcionalmente, puedes llevar casco, guantes y traje de neopreno. Si tu médico te prohíbe la sal en las comidas ten cuidado en las primeras arrancadas, porque tragarás más agua de la cuenta.

Es recomendable iniciarse en lagos o pantanos donde es más fácil mantener el equilibrio (la corriente y el oleaje son menores). Además, es mejor que al principio no salgas de la estela, fuera de ella te sentirás más desamparado que Marco y su mono Amedio.
Los expertos señalan que la mejor forma de pasarse al monoesquí (esquí con dos fijaciones), una vez que tengas claro que pie vas a poner atrás, es salir con dos y soltar uno en marcha pero, ten claro, que las sensaciones son más extremas y los movimientos más radicales. Si te estás iniciando, dos mejor que uno.
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