Ahora que todo el mundo va a
mil por hora y que cada día es una carrera contrarreloj, al menos
los globos siguen manteniendo inalterable su sensación de calma
y su espíritu aventurero. Y es que el que no corre, vuela.
Todo
el mundo conoce cuál es la profesión más antigua del mundo, pero
muchos desconocen cuál es la forma más antigua y segura de volar
o, lo que es lo mismo, la aerostación. Desde 1.783, el globo aerostático
no ha variado ·la esencia de su vuelo, aunque los componentes
que se emplean en su construcción y las técnicas de pilotaje han
evolucionado hasta límites insospechados. Pero, por encima de
materiales sofisticados, la mejor baza de los viajes en globo
sigue siendo su componente de aventura.
Varios son los aspectos a tener en cuenta para que un vuelo no
tenga sobresaltos inesperados: debe realizarse en zonas libres
(o en las restringidas salvando las restricciones existentes por
tráfico aéreo) y el lugar de despegue que se establece, tras comprobar
las condiciones meteorológicas, al amanecer, momento de gran
tranquilidad y estabilidad atmosférica. Los vuelos, con una duración
de más de una hora, recorren entre 10 y 20 kilómetros, según la
intensidad de la brisa. Aunque el lugar de aterrizaje es un misterio
(sin resolver), el piloto puede escoger siempre una zona accesible
para el vehículo de rescate (sigue el vuelo desde tierra). El
precio, unas 25.000 pesetas por pasajero, incluye un seguro según
la vigente Ley de Navegación Aérea. Date un respiro.
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