¿Eres
de los que siempre ha soñado con volar y experimentar sensaciones
fuertes?
Ha
llegado tu momento. Tienes que dar el salto. Se abre la puerta
del Antonov II a 1.200 metros de altura y, después de tanto tiempo,
por fin vas a atravesar las nubes. Has estado bien atento en el
cursillo previo, sabes lo que te traes entre manos y cómo dirigir
el paracaídas. Ya no controlas el ritmo de tu corazón y no notas
el frío. Te lanzas al vacío y empiezas a caer a 200 km/h. Sólo
dura unos cuatro o cinco segundos... eternos.
Estás disfrutando y la intensidad del momento se convierte en
concentración. El paracaídas se ha abierto automáticamente mientras
caías. Y de la caída libre pasas en seco a flotar. Frenas. Te
impresiona el silencio y comienza tu primer baile fantástico con
el aire. Cruzas las nubes y chocas con millones de moléculas de
agua que te refrescan.
Gozas
durante cinco larguísimos minutos de gloria que te dejan admirar
Ocaña desde el cielo y los colores de tu paracaídas rectangular.
Te dices: “Sabía que podría hacerlo”. Es más que satisfacción.
Acaba de empezar una historia de amor. Una historia que se inició
en la escuela Aerodeporte, que te lleva a volar los fines de semana
y pone a tu servicio una variada oferta de saltos hasta la posibilidad
de grabarte en vídeo mientras caes. ¿Podrás resistirte a esto?
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