
Muchos
empresas que organizan circuitos de multiaventura (escalada, quads,
etc.) tienen en las camas elásticas uno de los principales reclamos.
Te aseguro que tras un par de saltos estarás listo para inventar
nuevas ‘figurillas’.
Saltar sobre la cama (siempre que no sea la de un fakir) tratando
de llegar lo más alto posible es una buena terapia para prevenir
el estrés, y una mala elección si lo que pretendes es que los
muelles del colchón y el somier te duren más que una caja de natillas
en casa de Figo y Crivillé. Además, un salto demasiado efusivo
puede acabar con tus dientes en la mesita de noche y no precisamente
dentro de un vaso de agua... Así que si lo que quieres es desafiar
a la ley de la gravedad ejecutando más figuras que un escultor
novato haciendo méritos en la Antigua Grecia y dar todo tipo de
mortales sin que ninguno lo sea de necesidad, lo mejor es que
te enganches (literalmente, gracias a la ayuda de un arnés de
cintura y unas asas en las gomas laterales) a las nuevas camas
elásticas. En la foto superior (esta última palabra también es
aplicable al salto) podéis apreciar mi maravillosa técnica a la
hora de hacer el ‘ángel albondiguero’. Al principio, debo reconocerlo,
te da cierto respeto eso de empezar a dar volteretas más que descontroladas,
pero una vez que compruebas que hagas lo que hagas (aunque lo
hagas mal como es mi caso) no existe ningún riesgo te vas soltando.
Te recomiendo que intentes los cuatro mortales (el reto de los
mejores) al principio de tu ejercicio porque más de cinco minutos
en estas camas te dejan hecho polvo.
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