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DECALOGO DEL COWBOY:

1. Llevar gorro de Cowboy (abstenerse imitaciones baratas).
2. Tener unos buenos guantes, por lo que pueda pasar.
3. Recordar la frase ‘lo importante es el equilibrio, has de mantenerlo toda tu vida’.
4. Tener un amigo payaso, por si tenemos algún problemilla.
5. Caminar con las piernas arqueadas.
6. No odiar la música country.
7. Adorar la vida campestre.
8. Estar un poco zumbado.
9. Llevar tejanos, botas camperas y camisas de cuadros.
10. Vivir al día pensando sólo en la siguiente prueba.

RODEO MADE IN SPAIN

En Canadá, EE.UU. y Australia los rodeos son de lo más habitual, pero si tu presupuesto no te permite vivirlos en directo te damos varias alternativas:

1. Puedes visitar Universal Estudios Port Aventura y pasarte por la zona del Far West. Bailarinas de salón, Can Can, bandidos, tribus indias del continente, aparte de intentar domesticar las fuerzas de la gravedad en la atracción de la Estampida.

2. Enchúfate a la parabólica y podrás seguir las evoluciones por la tele.

3. Si eres un auténtico nostálgico y melómano puedes rastrear cualquiera de las múltiples secciones de country de grandes almacenes y similares.

4. Busca un lugar donde tengan un toro mecánico y prepárate para aguantar sobre sus lomos más de diez segundos.

5. Cómprate el correspondiente gorro y tejanos e imagina que eres todo un cowboy (triste pero eficaz).

6. Revisa las viejas películas de John Ford y descubre por qué el oeste no pasará nunca de moda. Si no lo descubres, al menos disfrutarás de auténticas obras maestras del cine.

EL ESPECTACULO DEL OESTE
Da un rodeo
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Si uno viaja a Estados Unidos no debe perderse uno de los espectáculos más emblemáticos del país: el rodeo. Por encima del merchandising yankee (sombrero vaquero, botas de punta afilada y jeans) descubrirás como se puede llegar a montar a caballo al límite, doblegar a un toro o echar el lazo a un becerro. Estos americanos...

El lejano oeste resulta mucho más lejano si pensamos que allá por 1880, cuando los asuntos aún se dirimían (al igual que en la España más profunda) con seis balas en el cargador, se celebró en Montana el primer rodeo del que se tiene constancia, aunque el primero con público tuvo lugar en Prescott (Arizona) ocho años más tarde.
Estos espectáculos, que según los lugareños son inherentes a la existencia del caballo y que son difícilmente entendibles allende las fronteras del paraíso de la hamburguesa, siguen levantando pasiones allí donde se celebran.
Los cowboys siguen siendo auténticos ídolos de pose y ademanes toreros (al menos los pantalones van igual de ajustados), además de los principales valedores de estos eventos. Los rodeos cuentan con seis modalidades con un único denominador común: en todas ellas verás aterrizar en la arena un gorro vaquero, seguido de unos jeans, unas botas camperas y una hebilla reluciente (vestuario básico).
La primera prueba es la ‘Bareback Horse Riding’, es decir, olvidarse de la silla (y, por momentos, de la próstata) para montar a pelo con una única mano en la cincha, tratando de aguantar durante unos interminables diez segundos encima del eléctrico equino. Además, los jueces puntuarán el aguante, el estilo y la habilidad del cowboy. Otra de las pruebas clásicas es el ‘Saddle-Brone Riding’, que en cristiano viene a significar lo mismo que la prueba anterior pero utilizando una silla especial para aguantar como buenamente se pueda los diez segundos de marras. También está el ‘Calf Roping, cuyo objetivo es echar el lazo al inquieto ternero, tumbarlo y atarle lo más rápido posible tres patas para inmovilizarlo. Otra prueba que es muy parecida a la anterior, pero sin cuerda, es la ‘Steer Roding’, que se considerada como su versión ‘heavy’.
En ésta el cowboy se ayuda de otro jinete para guiar al ternero cuyo peso ronda los doscientos kilos, y al que habrá de tumbar lanzándose desde su caballo. Para los más habilidosos está la ‘Women Barrel Racing’ donde los cowboys tienen que realizar un serpenteante recorrido en medio de barriles que no pueden tocar. Cuenta el tiempo y las penalizaciones por barril tocado. Luego se cambia de tercio y llega el momento de enfrentarse a los toros. En el país del Tío Sam no conocen a Joselito, Ponce, José Tomas y compañía pero teniendo en cuenta que el morlaco supera con creces los 1.000 kilos, a la hora de subirse a su chepa la cosa cambia. Cuando se trata de cuernos, los cowboys cuentan con la inestimable ayuda de los payasos que además de divertir al personal se encargan de la seguridad de los jinetes.