Si
uno viaja a Estados Unidos no debe perderse uno de los espectáculos
más emblemáticos del país: el rodeo. Por encima del merchandising
yankee (sombrero vaquero, botas de punta afilada y jeans) descubrirás
como se puede llegar a montar a caballo al límite, doblegar a
un toro o echar el lazo a un becerro. Estos americanos...
El
lejano oeste resulta mucho más lejano si pensamos que allá por
1880, cuando los asuntos aún se dirimían (al igual que en la España
más profunda) con seis balas en el cargador, se celebró en Montana
el primer rodeo del que se tiene constancia, aunque el primero
con público tuvo lugar en Prescott (Arizona) ocho años más tarde.
Estos espectáculos, que según los lugareños son inherentes a la
existencia del caballo y que son difícilmente entendibles allende
las fronteras del paraíso de la hamburguesa, siguen levantando
pasiones allí donde se celebran.
Los cowboys siguen siendo auténticos ídolos de pose y ademanes
toreros (al menos los pantalones van igual de ajustados), además
de los principales valedores de estos eventos. Los rodeos cuentan
con seis modalidades con un único denominador común: en todas
ellas verás aterrizar en la arena un gorro vaquero, seguido de
unos jeans, unas botas camperas y una hebilla reluciente (vestuario
básico).
La primera prueba es la ‘Bareback Horse Riding’, es decir, olvidarse
de la silla (y, por momentos, de la próstata) para montar a pelo
con una única mano en la cincha, tratando de aguantar durante
unos interminables diez segundos encima del eléctrico equino.
Además, los jueces puntuarán el aguante, el estilo y la habilidad
del cowboy. Otra de las pruebas clásicas es el ‘Saddle-Brone Riding’,
que en cristiano viene a significar lo mismo que la prueba anterior
pero utilizando una silla especial para aguantar como buenamente
se pueda los diez segundos de marras. También está el ‘Calf Roping,
cuyo objetivo es echar el lazo al inquieto ternero, tumbarlo y
atarle lo más rápido posible tres patas para inmovilizarlo. Otra
prueba que es muy parecida a la anterior, pero sin cuerda, es
la ‘Steer Roding’, que se considerada como su versión ‘heavy’.
En ésta el cowboy se ayuda de otro jinete para guiar al ternero
cuyo peso ronda los doscientos kilos, y al que habrá de tumbar
lanzándose desde su caballo. Para los más habilidosos está la
‘Women Barrel Racing’ donde los cowboys tienen que realizar un
serpenteante recorrido en medio de barriles que no pueden tocar.
Cuenta el tiempo y las penalizaciones por barril tocado. Luego
se cambia de tercio y llega el momento de enfrentarse a los toros.
En el país del Tío Sam no conocen a Joselito, Ponce, José Tomas
y compañía pero teniendo en cuenta que el morlaco supera con creces
los 1.000 kilos, a la hora de subirse a su chepa la cosa cambia.
Cuando se trata de cuernos, los cowboys cuentan con la inestimable
ayuda de los payasos que además de divertir al personal se encargan
de la seguridad de los jinetes.
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