Caminar para mantenerse en forma parece fácil, pero hay que tomárselo en serio; nunca mejorarás tu aspecto si sólo andas del sofá a la nevera, y vuelta.
No estamos hablando de senderismo, ni de marcha atlética. Se trata de caminar (sí, eso que se hace poniendo un pie delante del otro) para mejorar la coordinación, el tono muscular, la capacidad cardiovascular e incluso el sentido del humor.
Parece obvio que andar es bueno, aunque coger el coche para cualquier desplazamiento es una tentación muy fuerte, sobre todo en invierno -pero luego no te quejes si tu figura se parece cada día más a una ameba-.
Media hora al día mejora la salud, combate el estrés y supone muy poca pérdida de tiempo.
Eso sí, ¿seguro que sabes andar? Una mala postura puede acarrear problemas de espalda, así que apunta y practica: camina mirando al frente, con el cuello relajado, los hombros bajos y hacia atrás. Contrae algo los abdominales para estirar la zona lumbar y mantener la espalda recta (no te encorves, ni siquiera en las cuestas). Los brazos ayudan al movimiento (instintivamente, los doblarás a 90 grados para ir deprisa). No des zancadas muy largas, es mejor que sigas el paso que te resulte más cómodo y que, en cambio, te fijes en caminar con las puntas de los pies hacia delante, y de apoyar progresivamente todo el pie en cada paso, desde el talón a la puntera.
Y ya sabes, se hace camino al andar, así que ¿a qué esperas?
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