Para
una persona que sufre más de vértigo que James Stewart en la mítica
película de Hitchcock, como es mi caso, sólo el hecho de pensar
en subir a algún sitio utilizando un medio de transporte que no
sea un ascensor en perfecto estado de revista ya resulta mareante.
La conclusión está clara: si yo pude hacerlo, todo el mundo puede.
Una cosa es
ver los toros desde la barrera y otra muy distinta salir a torear.
Yo ya lo tenía claro antes de acercarme a la masía que la empresa
Promotor (93 877 07 58) emplea en Girona para estas y otras muchas
actividades (quads, orientación, rocódromo...), pero desde el
día ‘D’ ya no que queda el más leve resquicio de duda. La cosa
parecía sencilla: subir por una cuerda atada a un arnés de cintura
con la ayuda de unos puños o ‘yumars’ por la pared lateral de
un granero en desuso. Al principio cuesta un poco porque la descoordinación
es total, pero como las fuerzas acompañan se avanza por cabezonería,
que no es lo mismo que dando cabezazos, aunque casi. De lejos
se oye como un run-rún (los consejos de los monitores) al que
no les haces ni caso. Tras cinco minutos de esfuerzo
baldío te decides a prestar atención a esos ‘tipos sabelotodos’
que, además, se llevan partiendo de la risa hace un rato viendo
tus evoluciones, o mejor dicho, la falta de las mismas. La técnica
parece sencilla y, dicho sea de paso, contando con monitores perfectamente
cualificados, como fue mi caso, con hacer caso a un par de conceptos
subes la pared que se te ponga por delante cual escalera mecánica
de gran almacén. Aún no me he convertido en un montañero pero
todo se subirá...
|