macguffin

Por Carlos Sacristán

viernes, 25 marzo 2011, 18:41

A la manera de Elizabeth Taylor

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Se ha muerto Elizabeth Taylor un mal día como cualquier otro. Ocurre eso también con las grandes estrellas, que se mueren y eso, no cabe duda, humaniza. Parecía que la buena de Elizabeth, nunca la gustó que la llamaran 'Liz', se encontraba a gusto en ese estado enfermizo, febril y endeble en el que acostumbraba a dejarse ver en los últimos años. Escasas apariciones públicas, nula presencia en la pantalla y ningún marido que hicera las veces de bastón. Pero, ni cuarenta años más de debilidad física, hubieran restado el más mínimo brillo a la actriz que representó, por talento y belleza, una época que elevó el cine a categoría de arte. Un tiempo donde las películas se hacían desde el conocimiento y la exquisitez y el whisky se bebía como profesión.

Hablar de los ojos de Elizabeth Taylor es tan socorrido como hacerlo del grito de Tarzán o de la voz del Pato Donald. Su mirada violeta, legendaria, era 'simplemente' tan especial como todo lo demás. Todo en ella era majestuoso, dentro y fuera de la pantalla. Fue moderna en su manera de actuar al igual que lo fue en su manera de entender la vida. Ocho matrimonios, siete maridos y siete divorcios. De ella se llegó a decir que era una devoradora de hombres, no olvidemos que le levantó el marido a su buena amiga Debbie Reynolds. Pero también se decía que era una mojigata que se casó tantas veces porque para llevarla a la cama había que ponerla una alianza. Seguramente, las dos cosas eran ciertas y eso era parte de su encanto.

Fue una actriz que supo elegir muy bien en qué producciones se dejaba caer, en algunas literalmente. Además, gustaba al público, que la convirtió en su mayor referente; gustaba a la crítica, que en cada nueva interpretación encontraba un matiz diferente que destacar; gustaba a sus compañeros de profesión, que la dieron dos Oscar ('Una mujer marcada'y 'Quién teme a Virginia Wolf'); y gustaba, y mucho, a los dueños de Cartier y Tiffanys, cuyas joyas lucía como nadie. Pero no cabe duda que ella lo que necesitaba era sentirse agasajada, algo que hacía muy bien Richard Burton, cuando soltaba el sifón. No se trataba de un tema material, puesto que ella fue la primera actriz en ganar un millón de dólares por película, era más una necesidad infantil llevada hasta el extremo. Cosas de Hollywood.

Supo recorrer el difícil camino de la imagen angelical que proyectaba en sus primeras películas a un espléndida e incontestable madurez con paso firme. Y sin dejarse nada en el camino. Ella trazó las líneas en el mapa y decidió no tomar atajos pensando que lo bonito es siempre el viaje y no el destino. Parece que no le fue del todo mal. Descanse en paz.

 

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4 comentarios

losparecidos4

#3 27.mar.2011 | 21:27

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wallynow

#4 19.abr.2011 | 15:58

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lafanny

#5 19.abr.2011 | 16:00

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camiu

#6 20.abr.2011 | 02:13

Taylor la tenia clara. Sino preguntar a numerosos actores que en sus tiempos estuvieron con ella.
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