macguffin

Por Carlos Sacristán

martes, 11 febrero 2014, 19:54

El último viaje de Philip Seymour Hoffman

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Se muere Philip Seymour Hoffman. Así, de repente. Un buen día, sin previo aviso y sin acuse de recibo, te levantas y este tipo, sin duda el mejor actor de su generación, ha decidido largarse con viento fresco. De un silencioso portazo, si es que esto es posible. Todo es confuso, todo, menos su adicción a la heroína que parece clara desde el primer momento. Era un actor diferente, un 'robaplanos' que convertía en interesante el peor de los textos y en irrepetible un buen guión. Alguien dirá la tontería de que siempre se van los mejores. Mentira, el autobús de los mediocres va siempre a rebosar. No era el caso.

Atrás quedan varias de las mejores interpretaciones que hemos visto en los últimos tiempos. Algunas fueron justamente muy reconocidas y premiadas y, otra, 'Capote', no la mejor aunque sí con la pirotecnia suficiente, incluso le dio un Óscar. Su carrera, ya parte de los libros de historia, nos deja con ganas de más y mejor porque el papel de su vida todavía estaba por llegar. Ahora, ese papel lo recogerá cualquier otro. Seguro que será para alguien complejo, brillante y preparado, pero peor. Seguro que peor, aunque sólo sea por el hecho de que no podremos evitar pensar en lo bien que hubiera estado en este o aquel rol aquel tipo orondo, de sonrisa contagiosa y peinado imposible.

Era un actor atado a sus demonios, con la sombra de sus adicciones, a las que se enganchó siendo un adolescente, acechando a cada paso. A finales del pasado año, en un grupo de narcóticos anónimos, una forma, otra, de terapia para drogadictos, un hombre de 46 años levantó la mano y se presentó ante los asistentes. Dijo su nombre, Philip Seymour Hoffman, y recordó que llevaba casi 30 días sobrio. Quizá fueran menos, quizá fuera ninguno. Qué más da. Su inestable estabilidad con Mimi O'Donnell, una diseñadora de vestuario y directora artística teatral con quien compartía su vida desde hacía 15 años y con la que tenía tres hijos, Cooper (10), Tallullah (7) y Willa (5), dilató su triste y solitario final. No fue suficiente para un tipo que se comprometía hasta el final con todos y con todo, aunque fuera con las drogas. Como alguno de sus personajes dijo alguna vez: "Para ser inmortal muchos deben morir". Dicho y hecho.

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1 comentario

jeraux

#1 27.feb.2014 | 15:12

Descanse en Paz.
Un sevillista.

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