viernes, 15 junio 2012, 16:06
Cuando la película es mejor que el libro
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La literatura es la principal fuente de la que siempre ha bebido el cine. Muchas adaptaciones, quizá por la complejidad de la novela o, simplemente, por falta de acierto del director de turno, no han tenido el mínimo de calidad esperado y la frase: "ES MEJOR EL LIBRO", se ha convertido en la coletilla preferida de los sufridos espectadores. Te presentamos varias películas que no sólo no desmerecen la obra en la que se han basado, sino que, en cierta medida, la superan.
Hay determinadas actrices que nos llevan a la sala de cine de la mano. Casi sin darnos cuenta, sin aspavientos y utilizando su sutil elegancia como arma infalible. Es el caso de Tilda Swinton, una actriz de físico indescifrable y de infinitos registros que se ha convertido en una de las mejores intérpretes de su generación. Ella, siempre sobresaliente, ha asumido el reto de convertir a 'We Need to Talk About Kevin' en una película imprescindible que permite seguir pensando que el cine, en ocasiones, sigue siendo algo auténtico.
Muchas películas nos dejan mal sabor de boca por un pésimo final que convierte todo el metraje anterior en una mera anécdota. Entre el productor, el director y la estrella de turno un buen epílogo se puede convertir en una mala digestión. En muchos casos, la coherencia es lo de menos, lo importante es que la taquilla responda y, si hay que hipotecar un final coherente y realista, se hace y punto. Y final, claro.
La Gala de los Goya sigue sin levantar cabeza. Lo esperado, vamos. Eva Hache demostró que lo suyo no es la conducción de un programa y sólo Santiago Segura supuso un soplo de aire fresco en una nueva edición para olvidar. Lo mejor, sin duda, el esperado y justo éxito de 'No habrá paz para los malvados', que adelantó por la derecha y sin intermitentes a la piel de Almodóvar, cuyas gafas oscuras le daban un aspecto a caballo entre Cíclope, esperemos que sin sus devastadores poderes, y un Ray Charles recién levantado. Intento fallido, las lentes no consiguieron ocultar el mal rato que pasó al darse cuenta del buen rollo que desprendía el tándem Urbizu-Coronado.
Una película se ha convertido en la sensación de la temporada. Un extraño éxito que ha sorprendido hasta a la propia distribiuidora. Analizándolo fríamente, es posible que su mejor baza haya sido su falta de ambición, quizá tan falto de ella que probablemente esté más estudiado de lo que parece. George Clooney, nominación al Óscar incluída, se presenta como el único actor reconocido y reconocible. Hablamos de 'The Descendants' (Los Descendientes), de Alexander Payne, un film que hemos visto muchas veces, aunque ya lo habíamos olvidado.
Llegan los Goya y también los Óscar. O viceversa. Muchas veces hablamos de películas que no hemos visto. Las valoramos, las analizamos y, en el mejor de los casos, las recomendamos. En el peor, las atacamos sin piedad, las despedazamos utilizando ese manual 'de todo a cien' que sirve para casi todos los estrenos. El problema es que esta manera de actuar parece que está calando hondo en los académicos, los que votan aquí y también allí. O viceversa.
La Academia de las artes y las ciencias cinematográficas de España ha hablado. Muchos de los que optarán al Goya en la gala que se celebrará el 19 de febrero en el Palacio Municipal de Congresos de la Comunidad de Madrid se lo merecen; otros, no tanto. La pregunta es evidente: ¿cuántos miembros de la Academia votan realmente para decidir quiénes son los candidatos y quién conseguirá el preciado galardón?
Ryan Gosling es el actor de moda. Sus compañeros le aclaman como el mejor intérprete de su generación y la taquilla le rinde pleitesía. Entre sus mayores méritos está el haber sabido elegir bien las producciones por las que se deja caer. No es un galán al uso, no es un actor del método atormentado y existencialista y, lo mejor, resulta igualmente creíble tanto en comedia como en drama. Además, resulta que tiene una solvente banda de música, Dead Man's Bones, que ofrece mucho más que el simple hecho de tener una estrella de Hollywood en los teclados. Y todo ello siendo canadiense.