lunes, 14 noviembre 2011, 19:06
Las 10 mejores películas con temática política
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La política es un recurso de lo más socorrido para la gran pantalla. Un género como otro cualquiera con una particularidad: los protagonistas suelen tener más caras que un icosaedro. Suele ser cine de calidad, normalmente basado en hechos reales y casi siempre con una elaborada trama en la que el poder casi nunca sale bien parado. Si hay un tema universal que no conoce ni de idiomas ni fronteras, es éste. Todos sufrimos, aunque no en silencio, a esta casta que seguro sobrevivirá, junto con las cucarachas, a una guerra nuclear. Como decía Jardiel Poncela (1901-1952): "El que no se atreve a ser inteligente, se hace político".
A mediados de los noventa, un grupo de cineastas sacudieron los pilares del séptimo arte buscando un nuevo concepto en el lenguaje cinematográfico que daba lugar al nacimiento del Dogma. Se trataba de un movimiento desarrollado en 1995 por los directores daneses Lars Von Trier, Thomas Vinterberg, Kristian Lvring y Soren Kragh-Jacobsen. Su meta era desmitificar el cine como industria produciendo películas simples en las que lo importante era el desarrollo dramático de la narración.
Coldplay pasó por Madrid para presentar su nuevo álbum, Mylo Xyloto. Sin duda, hay que reconocer todo lo bueno que la banda de Chris Martin ha hecho por la música en los últimos años desde que saltara a la fama con 'Parachutes' (2000), su inmejorable debut. Pero el tiempo pasa, los gustos cambian y el grupo parece estancado, al menos creativamente. No sé en qué momento dejaron de parecer un soplo de aire fresco y se convirtieron en un eficiente aire acondicionado: fácilmente regulables desde el mando a distancia para conseguir la temperatura adecuada.
David Lynch es un director raro. Es un hecho objetivo. Un hecho, por otra parte, rentable para él y para sus películas aunque, no cabe duda, de que es el mejor contando historias estudiadamente incomprensibles. Pero, mucho antes de que a los progenitores de Mr. Lynch se les ocurriera concebir a su poliédrico vástago, había un tipo de Teruel, mal encarado y de infinito talento, Luis Buñuel, que marcó un camino que luego han recorrido muchos cineastas. David Lynch el primero.
La profesión de director de cine está en entredicho gracias a producciones vacías, sin guión, sin interpretación y, lamentablemente, firmadas por un tipo con una calculadora en la mano cuyo principal objetivo es no acabar en ras la cámara en anuncios de pasta dentífrica. Sólo un puñado de elegidos tienen poder, capacidad y conocimiento para, desde dentro del star system, vivir como autores. Scorsese, Coppola y Spielberg son la excepción, no la regla, y eso supone un gran problema para el espectador.
Los ochenta cambiaron la forma de concebir el cine. Directores como Spielberg o Lucas marcaban el camino a seguir si se quería triunfar en taquilla, gustar a la crítica y, además, no perder control sobre la producción. En ese difícil malabarismo, que acabó devorando a grandes como Coppola o Cimino, Brian de Palma se mantuvo por el alambre dando muestras de innegable talento. 'Scarface, el precio del poder' es, sin duda, su mejor carta de presentación. Una película de la que han bebido generaciones de cineastas y que sigue tan vigente como el día de su estreno.
Hubo una época, no hace demasiado, que se podía hacer buen cine contando con el talento de las estrellas más taquilleras del momento. No era necesario abusar de efectos especiales, tampoco los había, ni apostar por héroes impostados que salvaran la Tierra de un triste y anunciado final. Bastaba un guión sólido, un director conocedor del oficio y un puñado de actores capaces de llevar el peso de la película. Es el caso de 'Deliverance' ('Defensa', 1972), excelente film de John Boorman donde Burt Reynolds, en su mejor papel, Jon Voigh, Ned Beatty y Ronny Cox se adentraban, a ritmo de banjo, en la América más profunda y salvaje.
El cine español tiene entre sus discutibles virtudes ser un colectivo que difícilmente se pone de acuerdo en casi nada. Nada extraño por otra parte. Por ello, es curiosa la unanimidad establecida alrededor de una película tan singular como 'Arrebato', film maldito e imprescindible salido del genio salvaje de Iván Zulueta. El cineasta vasco es un personaje único en nuestro cine que se ganó, con una sola película, su parcela en la historia. Genio y figura hasta la sepultura, a la que hizo esperar, bastante más de lo que muchos agoreros pronosticaban, hasta el 30 de diciembre de 2009.
Un buen día Nicolas, el sobrino de Francis Ford Coppola, decidió que su futuro pasaba por el mundo de la interpretación. La idea no parecía de las mejores, principalmente porque la sombra de su tío estaría presente a lo largo de su carrera. La solución, que pareció más bien un parche, consistió en sustituir el apellido paterno Coppola por Cage, en honor de Luke Cage, un personaje de sus admirados comics de Marvel. Con el pegadizo nombre en la mochila, sólo faltaba convertirse en actor. 20 años después, parece que la decisión fue acertada.
El pasado 9 de abril el cineasta Sidney Lumet se despedía sigilosamente a los 87 años. Atrás dejaba una de las carreras más brillantes y prolíficas de la historia del cine. Un realizador de la vieja escuela que prefería que brillase más su obra que su nombre y que por norma cedía el protagonismo a la larga lista de estrellas de sus mejores films. Era su manera de entender la profesión. Un hombre que disfrutó con su oficio y que nunca buscó un más que merecido éxito a pesar de que, por supuesto, el éxito le acabó encontrando a él. Basta ver algunos de sus mejores películas para comprender cómo se puede ser el director más moderno sin salirse de la tradición en el difícil arte de hacer películas.