Luna de Avellaneda
(05-11-04) |
La película
es sincera y honesta, está rodada con gusto y en ningún momento
engaña ni confunde al espectador. Tiene muy claro lo que quiere ser y lo
consigue.

Una crítica de Javier Jiménez
Desde hace algunos años, el cine argentino goza de buena
salud en las carteleras españolas. Películas como
‘Nueve Reinas’, ‘El hijo de la novia’
o ‘Lugares comunes’ han funcionado muy bien en taquilla
y la crítica ha sido generosa con ellas.
‘Luna de Avellaneda’ representa un ejemplo más
de un cine que aunque está hecho a miles de kilómetros
de nuestro país, nos resulta muy cercano.
La película es sincera y honesta, está rodada
con gusto y en ningún momento engaña ni confunde
al espectador. Tiene muy claro lo que quiere ser y lo consigue.
Campanella dirige con acierto a un grupo de perdedores que no
se resignan a renunciar a lo básico, a lo elemental,
las relaciones humanas. Luchan por mantener en pie un club en
ruinas, que representa una bonita metáfora de una sociedad
que vivió su momento de esplendor pero que por desgracia,
en la actualidad, tiene muy mala salud.
La película arranca con la presentación de un
tiempo feliz. Un tiempo de esplendor y alegría, en un
inicio esperanzador. Un elemento imprescindible para comprender
el espíritu del club e interpretar su triste imagen actual.
No obstante, esta secuencia inicial tiene un problema que se
repite durante toda la película; su exceso de metraje.
Campanella no mide con acierto la duración de las secuencias
y peca de no utilizar todo lo que debería la tijera en
montaje. Además profundiza en exceso en personajes que
aportan bastante poco a la historia y desaprovecha a otros que
claramente funcionan.
Mención aparte merece Ricardo Darín, actor con
un número de matices inacabables. Darín es un
actor que siente y se transforma en sus personajes con una facilidad
y capacidad poco común.
En ‘Luna de Avellaneda’, Darín interpreta
un personaje al que es imposible no querer, un personaje tierno
y real, con toda su imperfecta humanidad.
El actor argentino pertenece a esa estirpe de actores que convencen
con su presencia, con su mirada, con un innato talento para
hacer creíble a cualquier personaje.
El resto del reparto está a un nivel altísimo.
José Luis López Vázquez como casi siempre
está enorme, pero sobre todos destaca la figura de Eduardo
Blanco. El actor argentino le da la replica a Darín de
manera maravillosa. Campanella ha encontrado en estos dos actores
una pareja con algo muy difícil de encontrar en las pantallas
de cine; química. Una versión argentina de Lemmon
y Matthaw, que se apropia de los mejores momentos de la película
por meritos propios.
Decía Victor Hugo que “la melancolía es
la felicidad de estar triste”, pues bien, este puñado
de gente corriente se instalan en la melancolía buscando
así un consuelo a un mundo triste y sin valores que les
toca vivir, asumiendo la culpa de su fracaso pero sobre todo
sin perder la esperanza por conseguir una vida mejor.
SINOPSIS
Luna de Avellaneda es la historia de un emblemático club de barrio que
ha vivido en el pasado una época de esplendor y que en la actualidad se
encuentra inmerso en una crisis que pone en peligro su existencia. Al parecer,
la única salida posible es que se convierta en un casino, nada más
alejado de los ideales y de los fines de sus fundadores en la década de
1940: un club social, deportivo y cultural. Los descendientes de estos fundadores
se debatirán entre la posibilidad de salvarse a cualquier precio o de reencontrarse
con aquellos sueños.
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