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Dirección:
Juan José Campanella

Guión:
Fernando Castets
Juan Pablo Domenech
Juan Jose Campanella

Intérpretes:
- Guillermo Toledo
(Rafael)
- Ricardo Darín (Román)
- Mercedes Morán (Graciela)
- Eduardo Blanco (Amadeo)
- Valeria Bertuccelli (Cristina)
- Silvia Kutica (Verónica)
- J.L. López Vazquez (Don Aquiles)
- Daniel Fanego (Alejandro)
- Atilio Pozzobon (Emilio)
- F.Fernández De Ros (Darío)
- Alan Sabbagh (Ismael)
- Micaela Moreno (Dalma)
- Mª Victoria Biscay (Macarena)

Luna de Avellaneda
(05-11-04)

Gente corriente

La película es sincera y honesta, está rodada con gusto y en ningún momento engaña ni confunde al espectador. Tiene muy claro lo que quiere ser y lo consigue.

Una crítica de Javier Jiménez
Desde hace algunos años, el cine argentino goza de buena salud en las carteleras españolas. Películas como ‘Nueve Reinas’, ‘El hijo de la novia’ o ‘Lugares comunes’ han funcionado muy bien en taquilla y la crítica ha sido generosa con ellas.
‘Luna de Avellaneda’ representa un ejemplo más de un cine que aunque está hecho a miles de kilómetros de nuestro país, nos resulta muy cercano.
La película es sincera y honesta, está rodada con gusto y en ningún momento engaña ni confunde al espectador. Tiene muy claro lo que quiere ser y lo consigue.
Campanella dirige con acierto a un grupo de perdedores que no se resignan a renunciar a lo básico, a lo elemental, las relaciones humanas. Luchan por mantener en pie un club en ruinas, que representa una bonita metáfora de una sociedad que vivió su momento de esplendor pero que por desgracia, en la actualidad, tiene muy mala salud.
La película arranca con la presentación de un tiempo feliz. Un tiempo de esplendor y alegría, en un inicio esperanzador. Un elemento imprescindible para comprender el espíritu del club e interpretar su triste imagen actual. No obstante, esta secuencia inicial tiene un problema que se repite durante toda la película; su exceso de metraje.
Campanella no mide con acierto la duración de las secuencias y peca de no utilizar todo lo que debería la tijera en montaje. Además profundiza en exceso en personajes que aportan bastante poco a la historia y desaprovecha a otros que claramente funcionan.
Mención aparte merece Ricardo Darín, actor con un número de matices inacabables. Darín es un actor que siente y se transforma en sus personajes con una facilidad y capacidad poco común.
En ‘Luna de Avellaneda’, Darín interpreta un personaje al que es imposible no querer, un personaje tierno y real, con toda su imperfecta humanidad.
El actor argentino pertenece a esa estirpe de actores que convencen con su presencia, con su mirada, con un innato talento para hacer creíble a cualquier personaje.
El resto del reparto está a un nivel altísimo. José Luis López Vázquez como casi siempre está enorme, pero sobre todos destaca la figura de Eduardo Blanco. El actor argentino le da la replica a Darín de manera maravillosa. Campanella ha encontrado en estos dos actores una pareja con algo muy difícil de encontrar en las pantallas de cine; química. Una versión argentina de Lemmon y Matthaw, que se apropia de los mejores momentos de la película por meritos propios.
Decía Victor Hugo que “la melancolía es la felicidad de estar triste”, pues bien, este puñado de gente corriente se instalan en la melancolía buscando así un consuelo a un mundo triste y sin valores que les toca vivir, asumiendo la culpa de su fracaso pero sobre todo sin perder la esperanza por conseguir una vida mejor.

SINOPSIS
Luna de Avellaneda es la historia de un emblemático club de barrio que ha vivido en el pasado una época de esplendor y que en la actualidad se encuentra inmerso en una crisis que pone en peligro su existencia. Al parecer, la única salida posible es que se convierta en un casino, nada más alejado de los ideales y de los fines de sus fundadores en la década de 1940: un club social, deportivo y cultural. Los descendientes de estos fundadores se debatirán entre la posibilidad de salvarse a cualquier precio o de reencontrarse con aquellos sueños.