
Una crítica de Javier Jiménez
Resulta gratificante acudir al cine y recibir la dosis anual cinematográfica
de Woody Allen. El director norteamericano tiene la buena costumbre de realizar
una película al año y sorprendentemente casi nunca decepciona. Su
última entrega es Melinda y Melinda, una maravillosa película
en la que predominan la inteligencia, el buen gusto y la originalidad, elementos
muy en desuso en el cine actual.
El planteamiento es muy sencillo, a partir de una situación inicial,
la historia se desarrolla por dos caminos, la comedia y el drama. La película
se construye entorno a un maravilloso guión escrito por el propio Allen,
que nos imparte una clase magistral en la escritura de un texto cinematográfico,
alternando con gran criterio momentos de gran carga dramática con fantásticos
diálogos cómicos.
Con Melinda y Melinda, Allen vuelve a recuperar un altísimo
nivel como escritor. En sus ultimas películas, Un final made in Holliwood,
La maldición del escorpión de Jade o Todo lo demás
el nivel había bajado y las historias, sin dejar de tener el espíritu
y la gracia de Allen, no llegaban a su mejor nivel.
Como director sigue en buena forma, se le acusa de ser cada vez menos director
y más escritor, pero el estilo visual de Allen es inconfundible y su puesta
en escena y la forma que tiene de dirigir actores le convierten en uno de los
pocos directores reconocibles del mundo. El espectador reconoce sus películas
sin necesidad de ver los títulos de crédito y eso sólo pasa
con los grandes.
En Melinda y Melinda trabaja con un elenco de actores semi
desconocidos en España, entre los destacan sobre todo Radha Mitchell y
Will Ferrer, este último un personaje que seguramente hubiera interpretado
el propio Allen si la película se hubiera realizado hace diez años.
Como es habitual, se aprecia el respeto que Allen tiene por los actores dejándoles
libertad a la hora de desarrollar los personajes y, sobre todo, el merito del
director radica en reconocer el talento cuando lo tiene delante y en exprimirlo
al máximo.
A los fans de Woody Allen, la película no les decepcionará. En
Melinda y Melinda aparecen todos los elementos básicos en su
filmografía: Nueva York, parejas en crisis, infidelidad, sentimiento de
culpa, dudas existenciales... Todos menos el propio Allen, que por desgracia no
aparece en pantalla esta vez, y al que sin duda algunos -entre los que me incluyo-
echaran de menos. Al resto del publico, la película le sorprenderá
por su planteamiento original y por el desarrollo argumental de la historia, que
mantiene el interés hasta el final.
Pero sobre todo, el gran acierto de la película es la capacidad que
tiene el director de convertir en genial lo cotidiano.
Esta película supone el regreso del mejor Woody Allen. Un director en
plena efervescencia creativa, con la inusual habilidad de hacernos reír
y llorar con la misma facilidad. Algo que sólo está al alcance de
los genios.
SINOPSIS: "Melinda y Melinda" mezcla la comedia romántica
y el drama de una forma a la que Woody Allen, sin parangón con otros realizadores,
le gusta contraponer. La acción tiene lugar en Manhattan y relata un par
de crisis que dan rienda suelta al talento cómico y dramático de
los actores Chiwetel Ejiofor, Will Ferrell, Jonny Lee Miller, Radha Mitchell,
Amanda Peet, Chloë Sevigny y Wallace Shawn. Se tratan todos los temas usuales
en Woody Allen: la fragilidad del amor, la infidelidad dentro del matrimonio,
el romance sofisticado, la incapacidad de comunicación. Como dice uno de
los personajes de la película, "Está apesadumbrado, está
desesperado, tiene tendencias suicidas. Existen todos los elementos cómicos".