La última película
del irregular Roland Joffe nos cuenta la vida de 'Vatel', un gran
intendente que se ve sometido a gran presión en la corte
de Luis XIV. Oropel y lujo para parar un carro.
Vatel es el leal y devoto sirviente del orgulloso, pero cada
vez más arruinado Príncipe de Condé. El
príncipe necesita recuperar el favor del rey Luis XIV
y espera que se le otorgue el mando de las tropas en una nueva
campaña contra los holandeses.
Condé no se someterá a nadie excepto a su rey,
aunque para esta ocasión pone a sí mismo y a su
castillo en manos de Vatel, en la difícil tarea de recibir
la totalidad de la Corte de Versalles en el castillo de Chantilly.
Las fiestas durarán tres días y tres noches y
como mínimo deben ser incréiblemente brillantes.
Para asegurarse el éxito, Vatel se pone al mando de un
ejercito de sirvientes que trabaja incesantemente para sorprender,
maravillar y satisfacer los deseos del rey. Vatel diseña
fiestas temáticas, con menús extraordinariamente
elaborados y espectáculos teatrales para el disfrute
real.
En medio de esta actividad frenética, Vatel es seducido
por Anne de Montausier muy próxima a la reina y objeto
de deseo de Lauzun y del propio rey. Anne se entrega a Vatel
quien, a pesar de su origen plebeyo, se ha convertido en el
auténtico maestro de ceremonias.
Las fiestas están llegando a su fin. A juzgar por la
reinante atmósfera y el buen humor, el éxito está
cerca. Sin embargo, en la tarde del tercer día, el pesacdo
para la cena no llega lo que provocará un catastrofe
inesperada...
Vatel representa la fuerza
del individuo, de la autoafirmación de las ideas propias.
A su lado la bella Anne de Montausier descubre una pasión
que su estrictae ducación le negaba. Y el tercer vértice
del triangulo histórico lo representa Lauzun, un poequeño
maquiavelo con peluca de bucles.
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