El premio Turner hace un repaso de su controvertida historia

El premio Turner hace un repaso de su breve pero controvertida historia en una exposición que se inaugura en la galería Tate Britain y que podrá visitarse hasta el próximo 6 de enero.

Este año, por primera vez, el anuncio del artista ganador no se hará en la galería londinense sino en la Tate de Liverpool con motivo de la declaración de esa ciudad como capital europea de la cultura en el 2008, y la Tate Britain, que viene acogiendo el premio desde 1984, ha organizado en cambio una retrospectiva.

La polémica ha acompañado al Turner desde su creación en 1984, cuando se instituyó para llamar la atención del gran público hacia el arte contemporáneo, y hay que decir que el ruido mediático que lo rodea anualmente no le ha venido nada mal.

El primer año, el debate giró en torno a si debía haberse premiado como representativo de lo mejor del arte británico a un pintor como Malcolm Morley, que aunque nacido en esta isla, llevaba cerca de un cuarto de siglo viviendo en Nueva York.

El director de entonces de la Tate, Alan Bowness, vio inmediatamente el provecho que se podía sacar de la polémica: "Todos sabemos la alta opinión que tiene el mundo de nuestros músicos de rock, pero no sabemos necesariamente que el mundo tenga tan alta opinión de nuestros pintores, por lo que esta publicidad y este espectáculo a lo Miss Mundo no me parece que sea malo".

La historia del Turner le ha dado la razón. Amplificado por los medios, que le han servido de gran caja de resonancia tanto nacional como internacional, su fama se ha extendido hoy a todo el mundo aunque los galardonados sigan siendo artistas británicos o residentes aquí.

El segundo año, el premio fue para Howard Hodgkin, un muy sólido pintor abstracto, que es hoy uno de los valores más reconocidos del arte británico no figurativo.

En los años siguientes se introdujeron varios cambios: se incrementó el espacio dedicado a exponer las creaciones de los finalistas y, sobre todo, para evitar odiosas comparaciones, se decidió que el premiado no sería ya el artista que hubiese hecho "la mayor contribución" al arte británico, sino que bastaba que hubiese hecho al mismo una contribución "significativa".

En 1988, con la llegada al frente de la Tate de Nicholas Serota se modificaron las bases: en adelante no podrían optar ya críticos o comisarios de exposiciones sino sólo artistas.

A la vez, se renunció a publicar la lista de finalistas y aquel año se anunció simplemente el nombre del ganador: a la sazón, Tony Cragg.

Pero esa última decisión no satisfizo a los críticos ni al público, por lo que en 1991 se volvió al sistema anterior, aunque se limitó el número de finalistas a cuatro, se fijó en 50 años el límite de edad de los candidatos y se pasó a juzgar al artista, no por toda su carrera sino por "una exposición o presentación sobresaliente" durante la temporada anterior.

Con la popularidad creciente, el premio y la promoción de artistas cada vez más jóvenes, muchos de cuyos nombres coincidían con los lanzados por el galerista Charles Saatchi, se recrudecieron las críticas de los llamados stuckistas, grupo que denunciaba la "novedad superficial y el nihilismo del arte conceptual" y el hecho de que muchos de los premiados hubiesen vuelto la espalda a la pintura.

Así, en 1995 el ganador fue Damien Hirst, artista hoy multimillonario del grupo de Saatchi por una instalación consistente en una vaca y su ternero seccionados longitudinalmente y conservados en tanques de formol.

En 1998, por primera vez desde 1985, el premio volvió a recaer en un pintor, Chris Ofili, aunque este artista de origen nigeriano es conocido sobre todo por utilizar excrementos de elefantes en su obra.

En 1999, la cama deshecha de Tracy Emin causó un sonoro escándalo, en 2001 Martin Creed logró el galardón por una luz que se apagaba y encendía en una habitación, en 2003 se premió a un ceramista travestí y sólo en 2006 el jurado volvió a acordarse de la pintura, premiando a Tomma Abts, cultivadora de una especie de minimalismo abstracto.

Este año, entre los favoritos está Mark Wallinger, un artista que ha recreado fielmente las pancartas contra la guerra de Irak que utilizó un conocido pacifista instalado en la plaza del Parlamento de Londres desde junio de 2001 hasta mayo de 2006, cuando fue desalojado de allí por la policía.