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MI CRIMEN FAVORITO

Por haber asesinado a mi madre bajo circunstancias singularmente atroces, fui arrestado, y el juicio duró siete años. Como agravante, ante el jurado, el juez de la Corte de Absoluciones recalcó que era uno de los más espantosos crímenes que jamás le habían llamado a juzgar.

En este momento, mi abogado se levantó y dijo:

-Con la venia: los crímenes son espantosos o agradables sólo por comparación. Si su señoría estuviera familiarizado con los detalles del anterior asesinato de su tío, cometido por mi cliente, percibiría en su posterior delito (si delito se puede llamar) un no sé qué de tierna contención y de filial consideración para con los sentimientos de la víctima. La aterradora ferocidad del primer asesinato era manifiestamente incompatible con cualquier suposición que no fuera la de culpabilidad; y si no miramos el hecho de que el honorable juez que presidió la causa era el presidente de una compañía de seguros de vida en la cual mi cliente tenía suscrita una póliza que cubría los peligros de ahorcamiento, resulta muy difícil explicarse como pudo, en justicia, salir absuelto. Si su Señoría tiene el deseo de escuchar más sobre este asunto, para que las circunstancias estén en su mente más claras y ordenadas, este infortunado hombre, mi cliente, accederá a tomarse la molestia de narrarlo bajo juramento.

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