 |
CATULO
Flavio, si la que hace tus delicias...
Flavio, si la que
hace tus delicias no fuera sosa
y desgarbada, consentirías en contarle tu amor a Catulo y
no podrías callártelo. Pero no sé a qué
puta enfermiza quieres: te da vergüenza admitirlo. Pues que
tú no duermes las noches solo lo dice a gritos tu dormitorio,
silencioso en vano, con su olor a guirnaldas y a aceite sirio, con
este almohadón y aquel otro, hundidos por igual, y el chirrido
de la cama desvencijada por movimientos de toda clase. Pues de nada
vale callar los amoríos, de nada. ¿Por qué?
No descubrirías tus flancos tan derrengados si no estuvieras
haciendo alguna tontería. Por ello, todo lo que te pase,
bueno o malo, dímelo. Quiero llamarte a ti y a tu amor a
un lugar en el cielo con simpáticos versos.
("Poemas y elegías", Biblioteca Clásica Gredos, 1993.
Traducción de Arturo Soler Ruiz) |
|